El legendario artista uruguayo murió a los 83 años después de 73 años de trayectoria, dejando más de 40 álbumes y un legado que trascendió el candombe para convertirse en una de las voces más representativas de la música popular de su país
Montevideo, Uruguay.– Omar Rubén Rada Silva tenía un nombre que pocas veces necesitó utilizar. Para varias generaciones de uruguayos fue simplemente Rubén Rada, o “El Negro Rada”, un artista cuya voz, percusión y particular manera de entender la música ayudaron a llevar el candombe desde los barrios de Montevideo hasta escenarios de América Latina y otras partes del mundo.
Rada murió a los 83 años, después de 73 años de actividad artística, una trayectoria extraordinariamente extensa que comenzó cuando apenas tenía 10 años y que se mantuvo activa prácticamente hasta el final de su vida.
Cantante, compositor, percusionista, actor, conductor de televisión y creador de espectáculos infantiles, Rada construyó una carrera difícil de encasillar. Su principal característica fue precisamente esa capacidad para cruzar fronteras musicales y combinar el candombe con el rock, el jazz, la música brasileña, la murga, la plena y otros géneros.
Más que interpretar candombe, Rada contribuyó a transformarlo y a demostrar que podía dialogar con sonidos modernos sin perder sus raíces.
De las comparsas al escenario
Su historia artística comenzó en la infancia. A los 10 años ingresó a la comparsa Morenada, donde recibió uno de sus primeros apodos: “Zapatito”, debido a que ya entonces utilizaba calzado número 43.
A los 15 años se acercó a la murga a través de La Nueva Milonga y, simultáneamente, comenzó a cantar en la orquesta tropical candombera Cubanacán, dirigida por Pedro Ferreira.
Aquellas primeras experiencias fueron fundamentales para el artista que llegaría después. En ellas entró en contacto directo con las expresiones populares que marcarían su identidad musical y con la tradición afro-uruguaya que posteriormente llevaría a nuevos públicos.
A los 17 años consiguió su primer gran protagonismo sobre un escenario como vocalista principal de la banda de jazz Los Hot Blowers. Fue entonces cuando apareció otro de sus nombres artísticos: Richie Silver.
Pero sería durante la década de 1960 cuando comenzaría a construir algunos de los proyectos más importantes de su carrera.
El Kinto, Totem y Opa: la revolución del sonido
Entre los nombres fundamentales de aquella etapa aparecen El Kinto, Totem y Opa, agrupaciones en las que Rada compartió camino con músicos esenciales de la música uruguaya, entre ellos Eduardo Mateo, Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso y Urbano Moraes.
En esos años comenzó a tomar forma una de sus grandes apuestas: incorporar el candombe a instrumentos eléctricos, tumbadoras y batería, alejándolo de las estructuras tradicionales sin abandonar su esencia.
El resultado fue el llamado candombe beat, una propuesta que combinaba elementos del candombe con rock psicodélico, música brasileña y otras corrientes contemporáneas.
Aquella búsqueda convirtió a Rada en uno de los protagonistas de una renovación musical que ayudó a proyectar la cultura uruguaya más allá de sus fronteras.
Una carrera que cruzó fronteras
En 1969 publicó su primer álbum como solista, titulado Rada, que incluyó canciones como “Las manzanas”.
Durante las décadas siguientes su carrera comenzó a expandirse fuera de Uruguay. En los años 80 vivió en Argentina y posteriormente, a comienzos de los 90, se radicó en México.
Su permanencia en otros países no significó abandonar sus raíces. Por el contrario, el candombe continuó siendo una de las principales herramientas con las que Rada presentó la identidad musical uruguaya ante nuevas audiencias.
En México llegó incluso a compartir escenario como telonero de artistas internacionales de la dimensión de UB40 y Sting, una muestra del alcance que había adquirido su trayectoria.
El reconocimiento también comenzó a traducirse en éxitos discográficos y certificaciones. Sin embargo, uno de los momentos decisivos de su carrera popular llegaría con el cambio de siglo.
“¿Quién va a cantar?” y el gran salto popular
En el año 2000, Rada lanzó ¿Quién va a cantar?, uno de los trabajos más importantes de su discografía y el álbum que terminó de consolidar su enorme popularidad.
La producción alcanzó el cuádruple disco de platino e incluyó canciones como “Cha-cha, muchacha”, “Muriendo de plena” y “Mi país”.
Esta última se convirtió en una de las composiciones más asociadas con la identidad uruguaya. La canción conectó con un público amplio y ayudó a que el nombre de Rada trascendiera los circuitos especializados para convertirse en parte del repertorio popular de todo un país.
Su música tenía entonces una característica que lo acompañaría durante toda su carrera: podía ser profundamente uruguaya y, al mismo tiempo, universal.
Rubenrá, el artista que también conquistó a los niños
La creatividad de Rada tampoco quedó limitada a la música para adultos.
A partir de 1999 comenzó a desarrollar espectáculos dirigidos al público infantil y creó el personaje Rubenrá, una propuesta que durante años formó parte de las vacaciones de invierno de numerosas familias uruguayas.
Esta faceta mostró nuevamente su capacidad para reinventarse y conectar con públicos completamente diferentes.
Rada no fue únicamente un músico que cantaba candombe. También fue un artista capaz de convertirse en personaje, actor y comunicador sin perder la identidad que había construido desde sus primeros años.
La televisión y la actuación
Su presencia en el entretenimiento uruguayo también se extendió a la televisión.
Participó como actor cómico en programas como Telecataplúm y El show del mediodía, además de intervenir en producciones de ficción como la telenovela argentina Gasoleros y la serie uruguaya Porque te quiero así.
En 1998 estrenó su primer programa propio, El teléfono. Posteriormente llegaron Décadas y Es tu sentido.
En una etapa más reciente de su carrera participó como jurado en La Voz y La Voz Kids, además de conducir Radar en X FM.
La televisión permitió que varias generaciones conocieran otra dimensión del artista y consolidó su condición de figura popular mucho más allá de los escenarios musicales.
Un retiro que nunca llegó
En 2008, Rada consideró la posibilidad de alejarse definitivamente de los escenarios. Sin embargo, aquel retiro terminó siendo apenas una pausa.
Volvió a trabajar con intensidad y continuó desarrollando nuevos proyectos, incluso en momentos marcados por dificultades económicas.
Su relación con el escenario parecía formar parte inseparable de su vida. Cada regreso confirmaba una característica que definió su trayectoria: Rada podía cambiar de formato, de público o de género, pero difícilmente podía dejar de crear.
El vínculo con otros grandes artistas
A lo largo de su carrera, Rada mantuvo una estrecha relación con músicos de distintas generaciones y procedencias.
Su historia estuvo llena de encuentros y colaboraciones. Entre ellos figura la recordada visita de The Rolling Stones y la anécdota ocurrida en la casa del Lobo Núñez.
También en sus últimos años continuó despertando la admiración de artistas jóvenes. Uno de esos encuentros fue el que mantuvo con Wos, quien viajó desde Buenos Aires para visitarlo.
Ese reconocimiento de músicos de distintas generaciones confirmó que la influencia de Rada no pertenecía únicamente al pasado: su obra seguía dialogando con los artistas que estaban construyendo la música del presente.
Más de 40 discos y una obra que no dejó de crecer
La dimensión de su legado puede medirse también por su producción discográfica. Rada dejó más de 40 álbumes, entre trabajos propios y colaboraciones.
Pero la cifra apenas cuenta una parte de su historia.
Su verdadero legado está en la manera en que consiguió convertir el candombe en un lenguaje capaz de convivir con otros géneros y llegar a públicos internacionales sin perder su esencia.
Rada entendió la música como un territorio abierto. En su obra podían convivir la tradición afro-uruguaya, el rock, el jazz, la murga, la música brasileña y los ritmos populares latinoamericanos.
Una despedida con proyectos pendientes
Hasta sus últimos meses, Rada continuaba pensando en nuevos proyectos.
Tenía previstos dos conciertos en el Auditorio del Sodre, para el 10 y 11 de octubre, con el regreso de Totem. Además, trabajaba en un álbum conjunto con Los Auténticos Decadentes.
El 16 de julio, al cumplir 83 años, había estrenado el ciclo ¿Quién va a cantar?, con la canción homónima interpretada junto al líder de La Vela Puerca.
La muerte lo encontró, por tanto, todavía creando, planeando conciertos y trabajando en nuevas canciones.
El legado de “El Negro Rada”
Rubén Rada deja mucho más que una extensa discografía. Deja una manera de entender la cultura uruguaya y una obra que ayudó a convertir al candombe en una expresión reconocible mucho más allá de las calles de Montevideo.
Desde aquella primera comparsa Morenada en la que entró siendo un niño hasta sus últimos proyectos, atravesó generaciones, países y géneros musicales.
Fue “Zapatito”, Richie Silver, Rubenrá, cantante, percusionista, actor, conductor y, sobre todo, Rubén Rada.
Durante 73 años, hizo de la reinvención una forma de vida. Y en cada transformación mantuvo el pulso de una música que nunca dejó de llevar consigo: el candombe uruguayo.
Su voz se apaga, pero el ritmo que ayudó a llevar al mundo permanece.


















