La pareja vistió de Gucci el día de su boda como homenaje al lugar donde comenzó su historia de amor hace una década. El director creativo de la firma, Demna Gvasalia, aseguró que fue “increíblemente especial” vestirlos para la ocasión.
Madrid, España. — Georgina Rodríguez y Cristiano Ronaldo convirtieron su boda en un homenaje a los orígenes de su historia de amor al elegir Gucci para vestir uno de los días más importantes de sus vidas. La decisión no respondió únicamente al lujo asociado con la firma italiana, sino a un detalle mucho más personal: fue precisamente en una tienda de Gucci donde la pareja se conoció en 2016.
Diez años después de aquel primer encuentro, ocurrido cuando Georgina trabajaba en una tienda de la marca en Madrid, ambos decidieron volver a conectar su historia con la firma. El 11 de agosto de 2026, durante su boda, Georgina lució un conjunto blanco de seda compuesto por camisa, falda de tubo y blazer, mientras Cristiano apostó por un traje hecho a medida en tonos claros.
El gesto se convirtió así en uno de los detalles más románticos del enlace: la marca que estuvo presente en el comienzo de su relación también formó parte de su boda una década después.
El encargado de diseñar los estilismos fue Demna Gvasalia, actual director creativo de Gucci, quien reconoció a Vogue la emoción que le produjo participar en el enlace.
“Ha sido increíblemente especial vestir a Georgina y a Cristiano para este momento, sabiendo que su historia de amor comenzó en una tienda de Gucci en Madrid”, expresó el diseñador, quien calificó la coincidencia como “un hermoso círculo que se cierra, casi como un cuento de hadas moderno”.
Un Gucci diferente
La elección de Demna también representa un interesante cambio respecto al Gucci que Georgina y Cristiano conocieron cuando comenzaron su relación.
En 2016, la dirección creativa de la casa estaba en manos de Alessandro Michele, quien había transformado radicalmente la identidad estética de la firma. Su propuesta apostó por una imagen romántica, maximalista, ecléctica y cargada de referencias vintage.
Posteriormente, Gucci atravesó una etapa de cambios que terminó con la llegada de Demna Gvasalia, diseñador georgiano que había logrado revolucionar previamente Balenciaga con una estética que combinaba la alta moda con códigos urbanos y prendas de inspiración cotidiana.
Su llegada a Gucci supuso una nueva reinterpretación de los códigos históricos de la casa y una apuesta por una imagen que también mira hacia los clientes más adinerados de la firma.
Para Georgina, sin embargo, el objetivo para la boda era mucho más sencillo: quería evitar un vestuario excesivamente recargado y apostar por una estética elegante y discreta.
Según explicó a Vogue, Demna comprendió desde el primer momento lo que buscaban. “Él no quería que afrontáramos un día que para nosotros era tan sencillo con trajes de fantasía”, relató la española.
La paradoja es que el resultado terminó siendo precisamente una fantasía de moda, aunque construida desde la aparente sencillez. El blanco dominó la escena: Georgina vistió camisa, falda y blazer del mismo tono; Cristiano llevó traje y zapatos blancos, mientras que los hijos de la pareja también aparecieron completamente vestidos de blanco.
El estilismo consiguió así combinar lujo, minimalismo y el particular sentido del humor de Demna, quien convirtió una elección aparentemente sencilla en una declaración estética.
Incluso la elección del fotógrafo, Juergen Teller, siguió esa misma línea. Su mirada, conocida por jugar con los códigos de la moda y retratar a sus protagonistas de una manera menos convencional, reforzó el carácter singular de la celebración.
Más que una simple elección de vestuario, Gucci terminó funcionando como un hilo conductor entre el pasado y el presente de Georgina y Cristiano: la tienda donde se conocieron en 2016 y la firma que una década después los acompañó en su boda.


















